OS ENTREGO MI VIDA

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martes, 30 de marzo de 2010

QUE CANTE LA LENGUA HUMANA...



Letra y traducción, pinchad aquí

FALACIAS SOBRE EL ABORTO Y LA POSTURA DE LA IGLESIA CATÓLICA II


Falacias sobre el aborto (II)

Aborto y cristianismo del siglo III


¿De dónde extrajeron los cristianos del siglo II sus conclusiones para condenar el aborto, si fuera verdad lo que afirma Máximo García Ruiz de que ´…a excepción de un solo pasaje, podríamos decir que circunstancial en el libro de Éxodo, no encontramos en la Biblia más referencias que pudieran ofrecernos una aproximación a este tema.´? ¿Cómo puede ser que aquellos cristianos tuvieran tan meridianamente clara una cuestión que iba a contra corriente del pensamiento y práctica del paganismo dominante de su tiempo, si además no tenían apoyo bíblico que la sustentara?.






¿Elaboraron su postura anti-abortista a partir de la nada, ya que la Biblia, supuestamente, nada tiene que decir al respecto? Pero esta hipótesis abre nuevos interrogantes insolubles. Por ejemplo, si no había base bíblica y por tanto nada que permitiera construir una teología definida sobre el no nacido, es previsible que hubiera habido una variedad de posturas sobre esa cuestión, al ser el aborto una cuestión abierta. Sin embargo, lejos de hallar opiniones en un sentido y en otro, vemos unanimidad de criterio en todos los escritores cristianos del siglo II: El aborto es moralmente condenable. Además, si nada hay claro en la Biblia al respecto ¿Les merecía la pena a aquellos cristianos complicarse la vida todavía más, enfrentándose a la sociedad pagana con un asunto que chocaba frontalmente con la práctica establecida? Son interrogantes que solamente pueden tener una respuesta coherente: Aquellos cristianos ´no se sacaron nada de la manga´, ni tampoco eran masoquistas que querían sufrir por sufrir, sino que simplemente llegaron a su concluyente rechazo del aborto porque así lo dedujeron de la enseñanza de la Biblia.

Pero antes de entrar en el terreno bíblico, sigamos nuestro repaso a través de lo que los autores cristianos de los primeros siglos pensaron sobre tan importante asunto.

A finales del siglo II, año 197, Tertuliano (c. 155 - c. 220) escribió un tratado titulado El testimonio del alma, en el que intenta dar una demostración razonada de la existencia de Dios, a partir de la naturaleza del alma humana. En un momento dado afirma lo siguiente:
´El proceso entero de sembrar, formar y completar al embrión humano en el vientre está sin duda regulado por algún poder, que ministra acorde a la voluntad de Dios, cualquiera que sea el método empleado. Incluso la superstición de Roma, atendiendo cuidadosamente a esos puntos, imaginó a la diosa Alemona que nutre al feto en el vientre, así como (las diosas) Nona y Decima, llamadas según los más críticos meses de la gestación y Partula, que controla y dirige el parto y Lucina, que trae al niño al nacimiento y a la luz del día. Nosotros, por nuestra parte, creemos que los ángeles ofician de parte de Dios. El embrión, por consiguiente, tanto más se convierte en ser humano en el útero cuanto su forma es completada. La ley de Moisés (Éxodo 21:22), de hecho, castiga con la pena del talión al hombre que cause aborto, en vista de que ya existe el rudimento de un ser humano, al que se imputa la condición de vida y muerte, pues ya es susceptible de ambas cuestiones, aunque, por vivir todavía en la madre, en su mayor parte comparte su propio estado con la madre´.(1)

Este pasaje es muy importante para entender el concepto que este escritor tenía en mente sobre lo que hay en el vientre materno. Que se trata de un ser humano desde el principio, hasta la misma superstición pagana involuntariamente lo afirmaba, al asignarle una diosa cuidadora diferente en cada etapa de la gestación. Pero desde el punto de vista cristiano, Tertuliano afirma que la cualidad humana ya está ahí desde el comienzo, supervisada por Dios, en fase de desarrollo. Esa cualidad humana está sostenida por el texto de Éxodo 22:21, en el que la pena del talión se aplica a quien cometa aborto. Es decir, según el entendimiento que Tertuliano tenía de ese pasaje bíblico el no nacido es sujeto de garantías jurídicas, lo mismo que el nacido.

Cuando nos adentramos en el siglo III encontramos a un escritor cristiano llamado Minucio Félix († 250), que en su tratado titulado Octavio se erige en apologista de la fe cristiana frente al paganismo. Pues bien, cuando responde a la falsa acusación de que los cristianos beben sangre de niños que han asesinado, saca a colación la práctica pagana del aborto, con estas palabras:
´Hay mujeres que, al beber preparados médicos, aniquilan la fuente del futuro hombre en su mismo interior, cometiendo así parricidio antes de que nazca. Y esas cosas, ciertamente, proceden de la enseñanza de vuestros dioses.´(2) Nótese el calificativo que Minucio emplea para tal práctica, parricidio, y el origen que le atribuye, la propia religión pagana. En el mismo párrafo Minucio sigue afirmando:
´Para nosotros no es lícito ver ni oír hablar de homicidio, y hasta tal punto nos retraemos de sangre humana que no usamos ni siquiera la sangre de animales comestibles en nuestra mesa.´

La conclusión es fácil: Si los cristianos se abstenían en sus comidas hasta de sangre de animales ¿cómo pensar que iban a derramar sangre humana, sea del nacido o del no nacido?

Hipólito de Roma († c. 235) es otro autor que tiene algo que decir sobre la cuestión del aborto. Su rivalidad con Calixto, también obispo de Roma en el mismo tiempo, a causa de la degradación moral consentida que, desde su punto de vista, ya estaba minando a la comunidad cristiana en esa ciudad, le lleva a hacer la siguiente denuncia:
´De lo cual resultó que mujeres reputadas como buenas cristianas empezaron a recurrir a drogas para producir la esterilidad y a ceñirse el cuerpo a fin de expulsar el fruto de la concepción. No querían tener un hijo de un esclavo o de un hombre de clase despreciable, a causa de su familia o del exceso de sus riquezas. ¡Ved, pues, en qué impiedad ha caído ese hombre desaforado, aconsejando a la vez el adulterio y el homicidio!´(3)

¿Qué sentido tendría que Hipólito recurriera al argumento del aborto para demostrar la corrupción de costumbres, que ya había alcanzado a un sector de la iglesia de Roma, si el aborto no fuera algo abominable? ¿Para qué echar mano de una evidencia que no tiene consistencia en sí misma, si el aborto era algo indiferente? La mejor manera de presentar acusaciones contra su rival era mostrando graves ejemplos de connivencia con lo malo, como el que aduce sobre las prácticas abortivas de ciertas mujeres cristianas. Es muy posible que Calixto no fuera culpable de lo que Hipólito le acusa, esto es, de aconsejar el adulterio y el homicidio (aborto), sino que simplemente estuviera dispuesto a recibir a quienes, habiendo cometido tales actos, se arrepentían de los mismos.

Sea como sea, se desprende que tanto para la facción rigorista (Hipólito), como para la laxista (Calixto), el aborto era un mal, radicando la diferencia entre ambos obispos en el trato que se debía dar a las cristianas arrepentidas de cometer tal acto: disciplinándolas (Hipólito) o recibiéndolas sin más (Calixto). Es interesante que sea éste el primer texto cristiano antiguo en el que se menciona al aborto siendo practicado por algunas cristianas, pero lejos de recomendarlo o dejarlo a su arbitrio, lo condena como ejemplo de grave corrupción moral…

(Continuará)

viernes, 26 de marzo de 2010

25 DE MARZO-LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR

María, esa mujer sencilla fue llamada a ser tu Madre. No lo tuvo fácil pero se mantuvo fiel hasta el final de tu Encarnación.

miércoles, 24 de marzo de 2010

ES UN TÚ EN TI-CAMPAÑA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL CONTRA EL ABORTO




Es un tú quien está en ti. Un tú distinto de ti, pero que depende de ti para su desarrollo. Un tú único e irrepetible. Un ser humano con genoma propio desde el primer momento, cuyo corazón ya late 65 veces por minuto en la semana 4, cuyo cerebro comienza a formarse en la semana 5, cuyos ojos se atisban ya en la semana 8 y que empieza a tener pelo en la semana 14. Su vida está en tus manos.

martes, 23 de marzo de 2010

FALACIAS SOBRE EL ABORTO Y LA POSTURA DE LA IGLESIA I


POR EL INTERÉS DEL DOCUMENTO LO PUBLICO EN ESTE BLOG

Falacias sobre el aborto (I)

El presidente del Consejo Evangélico de Madrid, Máximo García Ruiz, ha enviado una carta a las iglesias que constituyen tal organismo, en la que adjunta un documento sobre el aborto que hizo público en Internet y sobre el que se han vertido acusaciones, por causa de la postura que en el mismo defiende.



Algunas de las afirmaciones que realiza en dicho documento carecen de fundamento
histórico y teológico, hasta el punto de que o son producto de la ignorancia o bien de una tendenciosa predisposición, por la que quiere hacer decir a la historia y a la teología lo que él quiere que digan.

En el terreno de la historia es sorprendente su afirmación de que hubo una ´cierta vaguedad a lo largo de la historia hasta que en el siglo XX, dentro del seno de la Iglesia católica especialmente, se elabora una doctrina de total rechazo.´ Y a continuación añade: ´Hasta la celebración del poco ortodoxo Concilio de Viena en el año 1312, la Iglesia no consideraba el aborto como un asesinato…´ Pero cuando todavía no he salido de mi estupor ante semejante declaración, leo unas líneas más abajo otra que va más allá, cuando dice: ´Si, como algunas corrientes propugnan, lo que se pretende es aproximarse a la práctica de la Iglesia primitiva, constatamos que no fue otra que la del Imperio romano, que aceptaba el aborto como un método de control de natalidad, tema absolutamente irrelevante dentro de la cultura romana.´

Me propongo, basándome en documentos históricos, refutar esas tesis, que considero muy peligrosas si son dadas por buenas, sin antes haberlas sometido al escrutinio de la investigación.

Haré uso del material histórico que está a disposición de cualquiera que quiera tomarse el trabajo de contrastarlo.

En el siglo II circuló entre las iglesias un escrito al que se ha denominado Epístola de Bernabé, cuya fecha de composición ha sido situada por eruditos católicos y protestantes a inicios del siglo II o, como muy tarde, a mediados de dicho siglo. En cualquier caso, nos encontramos ante uno de los escritos cristianos más antiguos, después de los del Nuevo Testamento.

Por supuesto su autor no fue Bernabé y tampoco tiene autoridad canónica, aunque hubo algunos, como Orígenes, que se la atribuyeron. Pero de lo que aquí se trata no es de dilucidar ni su autoría ni su autoridad, sino simplemente constatar que en una fecha tan temprana, que está a la vuelta de la esquina de la edad apostólica, ya aparece un pasaje en el que sin paliativos se condena el aborto. Cuando se describe el ´camino de la luz´, entre otros mandatos se especifica el siguiente: ´No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le quitarás la vida.´(1) En contraste, cuando se describe el camino opuesto, el del maligno (literalmente ´del Negro´), una de sus características es que los que andan en el mismo son ´…matadores de sus hijos por el aborto, destructores de la obra de Dios…´(2) Podemos pensar lo que queramos sobre tales enseñanzas, pero una cosa es innegable: Ya están ahí en ambientes cristianos hacia el año 100 o como mucho 150.

Otro escrito, compuesto entres los años 125 y 150, es el Apocalipsis de Pedro, que tuvo también sus partidarios para que fuera incluido en el canon, apareciendo de hecho en la lista del Fragmento Muratoriano, aunque con la advertencia: ´Algunos no quieren que se lea en la Iglesia´. Pues bien, en este escrito, al estilo de la Divina Comedia de Dante, hay una descripción de los tormentos de los condenados, figurando entre los tales ´...las que habían concebido fuera del matrimonio y se habían procurado aborto.´(3) Otra vez, podremos pensar lo que queramos de semejante condena, pero, de nuevo, la evidencia es incontestable: El aborto, lejos de ser aceptado en la Iglesia primitiva, como sugiere Máximo García, es rotundamente condenado.

Un tercer escrito, cuya fecha de composición, a decir de los eruditos, no es posterior al año 120, es la Doctrina de los doce apóstoles, o Didaché, cuyo contenido refleja la vida y práctica de las comunidades cristianas de esa época, donde el vigor y la sencillez de la fe aletea por todo el documento. Se trata de un pequeño tratado, de menor extensión que el Sermón del Monte, que gozó de bastante reputación en los primeros siglos, hasta el punto de que en algunas iglesias era considerado canónico. Pues bien, en el mismo se señala, respecto al aborto, lo siguiente: ´…no matarás al hijo en el seno de su madre.´(4)

Si continuamos nuestro periplo por el siglo II nos encontramos con Atenágoras, un apologista griego que escribió su Súplica a favor de los cristianos hacia el año 177, dirigida al emperador Marco Aurelio. Atenágoras no es ningún fanático, pues el tono de su escrito es moderado; tampoco es alguien que desconozca las corrientes filosóficas e ideológicas de su tiempo, pues cita a los autores paganos contemporáneos.

Al defender a los cristianos de la acusación de que en sus cultos cometían crímenes rituales, razona de la siguiente manera: ´Nosotros afirmamos que los que intentan el aborto cometen un homicidio y tendrán que dar cuenta a Dios; entonces, ¿por qué razón habíamos de matar a nadie? Porque no se puede pensar a la vez que lo que lleva la mujer en el vientre es un ser viviente y objeto de la providencia de Dios y matar luego al que ya ha avanzado en la vida.´(5) Es decir, para desmontar la acusación de crimen ritual lanzada calumniosamente contra los cristianos, Atenágoras recurre al argumento de que los cristianos, al revés que el Derecho romano, conciben al no nacido como un ser humano, siendo la conclusión evidente: si respetan la vida del no nacido, ¿cómo no van a respetar la vida de cualquier ser humano ya nacido? ¿cómo van a participar en crímenes hacia nacidos si tienen por homicidio el aborto? Luego lo que el Derecho romano toleraba, era condenable para los cristianos.

La conclusión, tras este examen documental de la literatura cristiana del siglo II, es contundente: El aborto no es algo ambiguo ni aceptable, sino totalmente rechazable para los cristianos de entonces.