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lunes, 29 de enero de 2007

El teólogo Xavier Pikaza explica el significado del 666


Xavier Pikaza explica el 666

06.06.06 @ 08:44:49. Archivado en 21RS-LA REVISTA

Muchas veces, en la Biblia, los números tienen un valor simbólico vinculado al orden de la creación, en la perspectiva del tiempo (siete días, siete astros), del espacio (cuatro puntos cardinales) y de la organización social (doce tribus…).

Especial importancia recibe el seis, relacionado con las obras de Dios y los días de trabajo de la semana, trascendidas en el sábado, que está más allá de todo número (el siete es de Dios). En ese sentido, humanamente hablando, los judíos sólo cuentan hasta seis, pues todas las cosas de este mundo son seis. El siete pertenece a Dios. Por eso, no se junta con los seis anteriores, que son números humanos.
Una parte considerable de la especulación de los libros apocalípticos judíos (como los libros de Daniel, 1 Henoc y Jubileos) y en especial de algunos textos de Qumrán está relacionada con cálculos numéricos y fijación de tiempos sagrados. En el Nuevo Testamento el libro que más ha insistido en los números ha sido el Apocalipsis. Este es el sentido de alguno de sus números:
Uno. Significa excelencia y autoridad y puede aplicarse a Dios (que Es, Era y Viene: Ap 1, 4.8) y a Cristo (Primero y último..: Ap 1, 17; 2, 8; 22, 13).
Dos. Implica cooperación, tanto positiva (en los profetas: Ap 11, 1-13) como negativa (en las bestias: Ap 13, 1-18).
Tres y medio (= mitad de siete) es el tiempo que pasa, momento breve de persecución de los fieles. Partiendo de cálculos tomados de Dan 7, 25; 12, 7, Juan lo identifica con un tiempo (=año), dos tiempos y medio tiempo: los 42 meses o 1260 días simbólicos de la crisis final (Ap 11, 9-13; 12, 14).
Cuatro. Es el mundo perfecto y peligroso: cuatro son los Vivientes del cielo (4, 6.8; 5, 6 etc.), los caballos destructores de la historia (6, 1-8), los elementos cósmicos (8, 7-12; 16, 1-9), los ángulos del mundo con sus ángeles y vientos (7, 1-3; cf. 9, 14-15; 20, 8), lo mismo que los cuernos del altar (cf. 9, 13) y los ángulos o muros de la Ciudad nueva (21, 16).
Seis. Es la imperfección del mundo (del hombre) que, oponiéndose al siete de Dios y su Mesías, acaba encerrándose a sí mismo, en violencia destructora. Es el número de la Bestia: 6.6.6 (Ap 13, 18) y del 6º emperador, que ahora reina (tras los cinco pasados), siendo incapaz de permanecer, pues no puede hacerse siete (cf. 17, 10-11).
Siete. Es la plenitud divina que se expresa en los espíritus (Ap 1, 4; 3, 1; 4, 5; 5, 6), ángeles (1, 20; 8, 2. 6), candelabros (1, 12.20; 2, 1), astros (1, 16.20; 2, 1), iglesias (1, 4.11.20) y en los cuernos y ojos del Cordero, que reflejan su poder (5, 6). Siete son también los acontecimientos finales que marcan el juicio de Dios sobre el mundo: los sellos (5, 1.5; 6, 1), las trompetas (8, 2.6), los truenos (10, 3.4) y las copas destructoras (15, 1.6.7). Hay también un siete negativo que se expresa en las cabezas del Dragón y de la Bestia (12, 2; 13, 1; 17, 3.7), en las colinas (de Roma) que forman el asiento de la Prostituta, en los reyes perversos de la historia (17, 9) y, sobre todo, en el 7º emperador, que permanece poco tiempo…, pues un siete humano es siempre perversión, es idolatría. Cuando este emperador desaparezca volverá como octavo uno de los anteriores, pero Cristo lo destruirá (17, 10-11).
Diez. Es número del poder perverso: los cuernos de Dragón y Bestia (13, 3; 13, 1; 17, 3.7), los reyes de la tierra (17, 12.16) y los días de prueba que Daniel y compañeros han de padecer porque no aceptan la comida impura del imperio (2, 10). Se opone probablemente al doce de la perfección israelita y cristiana.
Doce. Número perfecto de los cielos, como muestran las estrellas de la corona de la Mujer (12, 1), y de la historia mesiánica, que se expresa por los hijos de Israel y los apóstoles del Cristo, vinculados a los ángeles de Dios y a los cimientos y puertas de la Jerusalén perfecta (21, 12-14), con sus medidas y piedras preciosas (21, 16.21). Desde ese fondo han de entenderse sus múltiplos: los 24 Ancianos (dos por doce) que forman la corte de Dios (4, 4) y los 144.000 triunfadores (doce mil por doce mil) del Monte Sión (14, 1; cf. 7, 4).
Mil. Es signo de una gran multitud (millares de millares forman la muchedumbre incontable de los ángeles 5, 11). Se emplea de un modo especial para indicar el milenio: los años del tiempo del reino de los elegidos; frente al breve tres y medio de la persecución se eleva el mil de gloria de los elegidos (20, 2-7).
Seis, seis, seis. Sentido básico del número
Desde lo anterior se puede interpretar mejor el Número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos. Así se dice que el Falso Profeta, que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación), que se pone al servicio de la primera Bestia, «hizo también que todos, grande y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente. Y sólo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender. Aquí se debe aplicar la sabiduría. Quien se sienta inteligente pruebe a descifrar el Número de la Bestia, que es Número humano: seis, seis, seis» (Ap 13, 16-18).
Éste es el texto básico, que sigue haciéndonos pensar y sufrir. La identidad de la Bestia y el posible sentido cifrado de su número (6-6-6) ha sido y es tema apasionante de estudio y adivinación para estudiosos y curiosos (especialmente para curiosos). Como veremos, en su origen debía ser (y es) un número bastante fácil de entender para los cristianos de las siete iglesias a las que va dirigido el Apocalipsis (cf. Ap 2-3). El conocimiento de ese número servía para mantener el compromiso cristiano; no era objeto de erudición abstracta, sino de experiencia de cada día.
Ese número de la Bestia no podía aludir a una cualidad interior, o a un pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico. No aludía tampoco a un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, vinculado con la magia o las apariciones astrales, sino que pertenece a la vida social y est relacionado con el dinero (comprar y vender), pues aquellos que no llevaban la marca de la Bestia (el seis.seis.seis) no podían comerciar, ni enriquecerse, ni formar parte de la sociedad dominadora de los favorecidos por el poder romano (cf. Ap 13, 17). La cosa es muy sencilla: el mismo dinero injusto, el comercio de aquellos que se aprovechan del Sistema Romano para comprar y vender y enriquecerse a costa a los pobres, es el Seis-Seis-Seis. Según eso, los que han vendido su alma al sistema romano llevan el signo la Bestia. En el fondo, eso es lo mismo que dice Mt 6, 24 par: la Mamona es Satán objetivado.
Ésta es la paradoja. Buscamos el número como si fuera algo externo, con grandes adivinaciones y teorías esotéricas o mágicas, como si aquel que supiera descifrar el número pudiera resolver problemas superiores. Pues bien, el Apocalipsis dice todo lo contrario: aunque no quieran advertirlo ni confesarlo, todos los que “compran y venden” y se enriquecen a costa de los pobres llevan el número en la mano o en la frente, como si fuera su carné de identidad, su pasaporte. Los otros, los que no pueden conseguir ese número (o no quieren llevarlo, por honradez y opción cristiana) están condenados a ser unos parias, sin derechos, sin oportunidades, como los fieles de la iglesia del Apocalipsis.
Entendido así, ese número indica dinero y todo aquello que se puede comprar por dinero: es la marca completa de aquellos que asumen el sistema del imperio. Los fieles de Jesús conocen el número, no quieren llevarlo, porque es número de opresión. Ésta es la realidad que está al fondo del tema: el Falso Profeta (2ª Bestia) ofrece la marca de la Primera Bestia a los privilegiados de la sociedad, para que puedan comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres). En esa línea ha de entenderse el 6-6-6, el número más simple, más vulgar de este mundo malo: el número de los que se aprovechan del sistema y viven a costa de los otros.
Recordemos que el imperio romano quiso presentarse como primera sociedad global, capaz de ofrecer cauces de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7). Aparecía así como milagro de convivencia, ámbito de paz para los hombres. No era una Nación-estado, sino el Estado-imperio donde cabían todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ese fue su “milagro”, aquello que nunca se había conseguido sobre el mundo, de tal forma que muchos veneraron a Roma como Diosa, como revelación de Dios en la historia.
Por eso, su Número y signo debía ser la eternidad: la Roma Eterna, sentada en el trono de las grandes aguas (cf. Ap 17, 3). Pues bien, en contra de esa divinización resisten y protestan los cristianos, en contra de ella se eleva el Apocalipsis, mostrando a través de este Número que, en el fondo, Roma no es más un signo de impotencia y muerte, un número incapaz de ofrecer plenitud y salvación a los hombres. Los romanos se creían enviados por Dios (por los dioses) para fundar y expandir su orden divino sobre el mundo, de manera que ellos deberían ser 7-7-7 (como los astros del cielo, como la semana sagrada, como Dios). Pues bien, en contra de eso, los cristianos saben que el número de Roma es un simple 6-6-6, el número de una criatura mala, que quiere divinizarse oprimiendo a los demás, pero que terminar destruyéndose muy pronto.
¿Hay más secretos? Descifrar el Número
La identidad básica del número de la Bestia (seis.seis.seis) es la que acabamos de indicar: es un número de injusticia y muerte. En sentido estricto, nuestro argumento podría terminar aquí. Pero, con el mismo libro del Apocalipsis y con la tradición posterior podemos dar un paso más. Es muy probable que el mismo autor del libro y sus oyentes y lectores más antiguos hayan querido jugar con ese número, de un modo humorista, en voz baja, para así consolarse: éste no es un número para meter miedo, sino todo lo contrario, para quitar el miedo. Es un número para decir a los cristianos y a los pobres: no os preocupéis, ese mismo emperador que parece divino, ese mismo imperio que se cree Dios, no son más que simples criaturas impotentes, condenadas a la muerte.
Desde ese fondo, la cuestión de la identidad más concreta del Número (666, 6-6-6), aplicado al nombre de algún emperador, resulta secundaria. Lo importante era lo anterior: el seis.seis.seis es la expresión de la impotencia del imperio divinizado. Pues bien, partiendo de eso, muchos cristianos pudieron aplicar en voz baja ese número a alguno de los emperadores, alegrándose con ello, pues al identificar al imperio/emperador con ese número se estaba diciendo que tenía los días contados, que llegaba ya el tiempo de la liberación para los pobres.
Parece que en aquel tiempo podía interpretarse sin dificultad; más aún, es muy posible que pudiera aplicarse de diversas maneras, conforme a los métodos de gematría (cálculo de letras y número), común en aquel tiempo. Sin duda, su sentido est relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo ofrecido por Dan 7, 25-27, el mismo autor del Apocalipsis ha esbozado más tarde en su libro (Ap 17, 11-14).
Se trata de un Número que puede calcularse siguiendo varios modelos de gematría, como hacían entonces judíos y helenistas: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede descifrarse como código cifrado... La riqueza del tema (y para algunos el problema) empieza cuando se quiere dividir 666 (o 606, según otros manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto. Las combinaciones y lecturas propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son: Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César...
Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y con los destinatarios del libro… o que no había tal secreto, pues se dejaba a cada uno buscar aplicaciones, sabiendo todos que el seis.seis.seis es la expresión y anuncio de la caída de un tipo de imperio destructor, que eleva a los ricos-comerciantes por encima de los pobres y que mata a los inocentes. Un imperio así no puede persistir, ese imperio es un simple seis.seis.seis… y su representante puede ser Nerón, Calígula… o simplemente Roma, emperadores y ciudad condenada a la muerte, para bien de los pobres del mundo.
Es muy posible que el autor del Apocalipsis haya querido dejar abierto el tema del sentido concreto del Número. Sólo ha querido indicar que se trata de un signo y un Número que es puramente humano, finito. Recordemos de nuevo el sentido de algunos números. La plenitud es Cuatro (hay cuatro vivientes, vientos, elementos: Ap 4, 8; 7, 1; 20, 28); la revelación escatológica es Siete (hay siete espíritus, candelabros, astros): el número de prueba es Tres y medio (mitad de siete) con sus equivalentes (42 meses, 1260 días). Pues bien, el Número del imperio perverso (que parece divino, pero que tiene pies de barro, manchados de sangre: cf. Dan 2) es un seis repetido, que nunca llega a Siete, que nunca puede alcanzar la plenitud.
Por eso, cuando decimos seis.seis.seis… podemos seguir añadiendo números de “seis” hasta el infinito (la repetición triple del “seis” es indicación de algo que se puede seguir diciendo sin fin). Eso significa que Roma no es Cuatro (no es el cosmos entero), ni es Siete (no es Dios). Roma es un simple seis repetido, impotente, un “seis” que destruye a quienes se apoyan en su fuerza brutal pero inhumana, en si riqueza inmensa pero sangrienta. Éste es el Número de aquellos que ponen su seguridad en el Imperio, entregándole su libertad humana.
Los cristianos más sencillos lo sabían y lo saben. Por el contrario, aquellos investigadores o curiosos que buscan con inmensa erudición el sentido más oculto de ese Número lo pueden estar repitiendo a lo largo de toda su vida, sin darse cuenta de pueden haber caído bajo el poder del 6-6-6, que es la impotencia y violencia de la finitud, que es la injusticia de la historia humana. Aquellos que se hacen ricos a costa del miedo del seis.seis.seis han caído en su trampa. Quienes quieren convertir el seis.seis.seis en objeto de magia o de cálculos curiosos pierden simplemente el tiempo.
Por eso, todos aquellos que, de un modo o de otro, quieren aplicar el seis.seis.seis un día concreto (como el seis de junio del 2006) van en contra de la Biblia cristiana. Pueden saciar una curiosidad, pero su gesto no tiene nada que ver con el evangelio del Apocalipsis de Juan

Xabier Pikaza (Eclesalia)