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miércoles, 2 de junio de 2010

La asignatura de Religión no es ni un regalo ni un privilegio – Editorial Revista Ecclesia


Si la pasada semana, en esta misma página editorial, alertábamos y censurábamos la intimidación a la Iglesia de algún ministro y de algunos dirigentes políticos acerca de su supuesta financiación privilegiada a través de multimillonarias dotaciones públicas, esta semana hemos de enfatizar nuestra denuncia a propósito de unas indeseables e impresentables declaraciones de Gregorio Peces-Barba sobre la clase de Religión Católica.



Para el que fue ponente de la Constitución Española de 1978 y presidente del Congreso de los Diputados, la clase de Religión no solo debe dejar de ser «obligatoria» –se entiende que de oferta obligatoria por parte de los centros y de libre elección para su alumnado, como así es desde hace décadas–, sino que debe ser suprimida pues en ella «solo se enseñan cuatro vulgaridades del Catecismo». Y no satisfecho con semejante exabrupto, el ex rector de la Universidad Carlos III exaltó las «bondades» de la asignatura actual de Educación para la Ciudadanía y arremetió contra los padres objetores de conciencia de la misma.
Sin embargo, lo cierto es que al igual que la Iglesia no recibe en materia económica nada gratis del Estado, tampoco la clase de Religión es un regalo o un privilegio. Es un derecho fundamental de la persona, ejercitado a través de los padres. Es un derecho que proclama y tutela nuestra Constitución, la misma en cuya redacción trabajó el señor Peces-Barba. Y es un derecho al que libremente pueden optar los alumnos, bien, a tenor de su edad, por sí mismos, o bien mediante la elección responsable de sus padres. Y es un derecho amplia y continuamente refrendado por estos, como lo avala el dato de que en el presente curso casi el 74% de los alumnos han elegido libremente esta asignatura, a pesar –bueno será recordarlo– de su actual e injusta marginación escolar.
Pero hay más: según un reciente estudio, el 77,5% de padres se considera «satisfecho» o «muy satisfecho» con la asignatura, un porcentaje 10 puntos superior al que ofreció una encuesta similar realizada hace una década. Y por si estas razones, cifras y obviedades democráticas y ajustadas a derecho pudieran resultar insuficientes, el señor Peces-Barba debe asimismo saber que todos los profesores de Religión Católica son titulados universitarios y el 67,5% de los profesores de Religión de Secundaria cuentan además con una segunda titulación, amén de que el 80,8% tiene la añadida titulación de la propia Iglesia (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica, DECA).

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