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miércoles, 24 de agosto de 2011

JMJ 2011. UNA VALORACIÓN PERSONAL


Tras la clausura de las Jornadas Mundiales de la Juventud hace varios días me viene a la cabeza esta reflexión. No hay duda de que la cobertura mediática, en general, ha sido importante y bien dirigida, la cual ha puesto de manifiesto que en número de peregrinos y asistentes estas jornadas han sido un éxito de convocatoria y organización incuestionable. En este sentido, cabe destacar sin duda alguna, la labor de los miles de voluntarios implicados. La Iglesia, en un sentido sociológico ha manifestado una vez más su poder de convocatoria. Pero siento que los análisis de las jornadas se han centrado exclusivamente en los macro-datos: social, político y económico, dejando a un lado, acaso ignorando, sus consecuencias a nivel íntimo, personal, que aunque es inconmensurable, en mi modesta opinión, es el más importante y es en dónde reside el "éxito" (por llamarlo de algún modo) de una convocatoria de este tipo en el que el centro es Cristo el Señor, tal y como insistía una y otra vez el mismo Papa Benedicto XVI en sus discursos. Porque si a estos cientos de miles de jóvenes lo que les ha impulsado a unirse ha sido su fe, más o menos madura, en el Señor, entonces esto no caerá en el vacío y las consecuencias para el bienestar del mundo son, serán muy positivas, así pensamos los que creemos, es más, aunque sólo hubieran asistido la tercera parte de los peregrinos, lo que se pide y se celebra en nombre del Señor, siempre da fruto, un fruto que no necesita de estadísticas ni de beneficios económicos, que por supuesto con la que está cayendo pueden también ser un signo pero no es el único ni el más importante. Un corazón orante y entregado salva al mundo, lo dice la sabiduría, lo confirman algunos pasajes de las escrituras, lo rubricó el Señor crucificado y resucitado para nuestra salvación.