OS ENTREGO MI VIDA

lunes, 2 de noviembre de 2009

SIGNIFICADO Y SENTIDO DE LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LOS DIFUNTOS


Aquellos que nos han dejado
no están ausentes,
sino invisibles.
Tienen sus ojos
llenos de gloria,
fijos en los nuestros,
llenos de lágrimas.

San Agustín


CUESTIONES PRACTICAS
La misa de hoy no viene fijada con un formulario concreto
de oraciones, ni con unas lecturas determinadas. Hay que
escoger. Hay tres formularios de oraciones y cinco prefacios.
Y un buen conjunto de lecturas que ofrece el leccionario, y
que habrá que mirar para escoger una del Antiguo
Testamento, un salmo responsorial, una del Nuevo
Testamento y un evangelio.
MD, claro está, debe hacer una opción si pretende imprimir
una hoja en la que figuren los textos eucológicos y las
moniciones a las lecturas concretas. Pero eso no quiere decir
que todo el mundo tenga que hacer la misma opción. Como
tantas veces se ha dicho, es cada comunidad -y cada
responsable de comunidad- que debe preparar la celebración
pensando en unas personas concretas. MD es un instrumento
que puede orientar y ayudar, pero hay que rehacerlo en cada ocasión.

LA ASAMBLEA DE HOY
Es una misa de difuntos, obviamente. Eso solo ya define el
tono. Pero hay un elemento, marcado por la liturgia, que la
hace diferente: es misa por "todos los fieles difuntos", no sólo por un difunto de una familia concreta. Y, por tanto, venimos pensando en "nuestros" difuntos, claro está, pero sabiendo que los demás que están a mi lado llevan en el corazón los suyos, y que nos reunimos en un recuerdo comunitario, eclesial, de todos los que nos han precedido.
Hay también otro elemento que la hace diferente de
cualquier otra misa de difuntos. Y es que en ésta no planea el hecho de una muerte concreta y reciente, con todo el
sufrimiento y la consternación que ello supone para la familia y los allegados. En esta ocasión hay serenidad y paz. Es un recuerdo de los difuntos desde la fe, y desde la fe de la
Iglesia. Sin el peso del envoltorio social que hay en una misa
exequial (envoltorio social no necesariamente negativo, pero
que da una configuración distinta a la asamblea
congregada).

CONFESIÓN DE FE EN LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN
DEL SEÑOR
Esta fe es la que nos reúne. No celebramos la Eucaristía
porque creemos en el más allá. Este más allá para nosotros
es la vida que Jesucristo nos ha ganado por su muerte y
resurrección. Eso siempre está en el centro de nuestras
eucaristías. Pero no siempre queda bien subrayado en las
celebraciones exequiales, por las causas que sean. Hoy es un día que permite proclamarlo muy bien. Tanto con los textos que escogeremos (oraciones y lecturas), como en la homilía o en las palabras que digamos al inicio de la celebración.

PODER EXPRESAR LO QUE MAS CUESTA EN UNA MISA
EXEQUIAL
Cuando tenemos un difunto delante, con una familia
afectada, con unos amigos y vecinos que conocemos mucho o que desconocemos absolutamente, cuando quizá aquel
difunto era amigo del propio celebrante o quizá no le conocía
de nada, cuando aquella muerte ha ocurrido en un día en el
que hemos ido muy atareados... resulta que en la homilía no
hemos dicho lo que querríamos comunicar. El estado de los
asistentes condiciona, así como el del propio celebrante.
Hoy tenemos la ocasión de preparar bien la homilía, con
tiempo, sabiendo que delante tendremos personas de fe, que vienen a alimentarla más recordando a sus difuntos y
teniendo presente el hecho de la muerte, pero con la
serenidad que dan los días, los meses, los años.
Un posible esquema:
- celebramos la muerte y resurrección del Señor. La fe de la
Iglesia. Esta fe ilumina nuestra vida, nuestra experiencia de
muerte y resurrección, de pecado y de gracia, de muerte y de vida. Nuestra experiencia de ver morir a personas queridas.
- creemos en el Dios de la vida, el único que puede purificar
nuestras vidas y llevarnos a la asamblea de los santos. Por
eso tiene sentido que oremos por los difuntos: es poner
nuestra confianza en que el Padre añadirá a los difuntos lo
que les pudiera faltar para llegar a la bienaventuranza.
Confianza en que, ya ahora, a todos nosotros, nos va
empujando hacia la plenitud. Y nos empuja como pueblo,
comunitariamente.
- lo que esperamos orienta nuestra vida y nuestra muerte.

JOSEP M. ROMAGUERA
MISA DOMINICAL 1994, 14

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