OS ENTREGO MI VIDA

lunes, 17 de mayo de 2010

FALACIAS SOBRE EL ABORTO V



Falacias sobre el aborto - Wenceslao Calvo


Las ratio seminalis y el aborto


Una de las grandes ideas que San Agustín de Hipona aportó a la antropología y a la teología fue la de las razones seminales (ratio seminalis), por la cual entiende que la vida en este mundo posee dos peculiaridades: la capacidad de reproducirse a partir de la semilla fecundada y la presencia en esa semilla fecundada de todas las características esenciales que los organismos maduros tendrán.
Cuando este principio se aplica al ser humano es de suma trascendencia, porque significa que lo que hay en el embrión es básicamente lo que habrá en el individuo adulto. La teoría de las razones seminales de San Agustín estaría corroborada por los hallazgos científicos, que muestran cada vez más fehacientemente que la criatura en el útero materno, desde sus primeras etapas, es en miniatura y en potencia lo que el nacido será.

Es por esta razón que cuando dilucida si los fetos abortivos resucitarán o no, una de las muchas objeciones que los paganos presentaban a los cristianos para ridiculizar la creencia en la resurrección, la discute de la siguiente manera:

´Aquí, surge la cuestión, en primer lugar, sobre las concepciones abortivas que han estado en el vientre de la madre, pero no hasta nacer para poder nacer de nuevo. Porque si decidimos que todos van a resucitar tal vez se tolere esa afirmación para los que ya están formados. Pero ¿quién hay que no esté más bien dispuesto a pensar que los abortivos no formados perecerán, como semilla que nunca ha fructificado?

Pero ¿quién se atreverá a negar, aunque no se atreva a afirmar, que en la resurrección cada defecto en la forma será suplido y que la perfección que el tiempo habría proporcionado no se echará en falta, como tampoco los defectos que el tiempo le hubiera acarreado?´(1)

Así pues, San Agustín piensa que en la resurrección corporal se suplirá todo aquello que faltó, por causa de la falta de tiempo, al no madurar los fetos abortivos y al mismo tiempo se eliminarán los defectos posteriores congénitos a nuestra condición humana. De manera que la resurrección suple lo que falta y corrige lo que sobra.

Tras esta reflexión continúa de esta manera:

´Por consiguiente se puede investigar y discutir la siguiente cuestión por los entendidos, aunque yo no sé si está en la capacidad del hombre resolverla. En qué tiempo comienza la criatura a vivir en el vientre y si la vida existe en una forma latente, antes de manifestarse en la actividad del ser vivo. Negar que nunca hayan vivido los prematuros que son cortados miembro a miembro del útero, para que las madres no mueran, parece demasiado audaz. Pues desde el momento que un hombre comienza a vivir, desde ese tiempo es posible para él morir. Y si muere, en cualquier manera que la muerte le sobrevenga, no logro alcanzar por qué razón no ha de pertenecer a la resurrección de los muertos.´(2)

El argumento de San Agustín, que comienza concediendo el beneficio de la duda a los escépticos, parte de una premisa y llega a una conclusión. La premisa es que lo que muere, muere en razón de que había vida y como la resurrección es para los muertos, se desprende que los abortivos resucitarán. Ahora bien, si la resurrección es exclusiva de seres humanos síguese que San Agustín concede que los embriones y fetos lo son, si van a resucitar.

En otro escrito, tratando sobre la misma cuestión de si hay resurrección o no de los abortivos, afirma lo siguiente:

´No me atrevo a pronunciarme por la negativa ni por la afirmativa de la resurrección de los fetos abortivos que murieron en el útero después de haber vivido en él; aunque no veo razón por qué se los ha de excluir de la resurrección de los muertos si no están excluidos del número de los mismos. Una de dos: o no han de resucitar todos los muertos, quedando sin cuerpos para siempre algunas almas que animaron cuerpos humanos, aunque sólo fuera en el útero materno, o, si todas las almas humanas han de recibir, al resucitar, los cuerpos que tuvieron mientras vivían en alguna parte y dejaron al morir, no encuentro razón para decir que no pertenecen a la resurrección de los muertos cualesquiera de ellos, aun los del seno materno.´(3)

Es interesante que se inclina a conceder la resurrección por el argumento ya mencionado: lo que muere resucita. Pero incluso en el caso de que no se admitiera tal principio para los no nacidos, San Agustín les adjudica alma, lo mismo que a los nacidos. Luego en su estimación son seres humanos.

Finalmente, un autor un poco posterior a San Agustín, Vicente de Lérins († c. 450) hace la siguiente afirmación, que coincide con la de las razones seminales que San Agustín defendía:

´El crecimiento de la religión en el alma es análogo al crecimiento del cuerpo, que, aunque se desarrolla y obtiene su tamaño pleno en el transcurso de los años, sin embargo permanece siendo el mismo… Los miembros de un niño son pequeños, los de un joven grandes, pero el niño y el adulto son lo mismo. Los hombres, cuando crecen, tienen el mismo número de miembros que tenían cuando eran niños y lo que a cualquiera en la edad madura le dio el nacimiento, eso ya estaba presente en el embrión, por lo que nada nuevo es producido en ellos cuando son viejos que no estuviera latente ya cuando eran niños.´(4)

No hay duda. Los cristianos de los primeros cinco siglos no vacilaron en afirmar la humanidad del embrión, lo cual tiene repercusiones filosóficas, teológicas, antropológicas y éticas. Si esas repercusiones son verdaderas entonces su esfera de influencia no acaba ahí, sino que alcanzan también el dominio de lo social, lo jurídico y lo político.
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1) Enquiridión, 85
2) Enquiridión, 86
3) La Ciudad de Dios, XXII, 13
4) Commonitorium, 23

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