OS ENTREGO MI VIDA

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viernes, 28 de mayo de 2010

HISTORIA DE UNA MONJA...PINTORA

Hago esta entrada interesante a petición de mi amigo J. Aurelio.
Aconsejo se vean algunos de los cuadros de esta hermana cisterciense pinchando el enlace que hay más abajo. Son muy hermosos.

La pintora Isabel Guerra, cisterciense, cuenta su vocación


En una magnífica entrevista de Elena Pita, la pintora Isabel Guerra,monja cisterciense, ampliamente conocida en el mundo artístico español, cuenta su vocación pictórica y religiosa para el Semanal de El Mundo, 7-XI-2004.

Transcribo algunas de las preguntas que se refieren específicamente al descubrimiento de su vocación religiosa. La pintora cuenta que fue una artista precoz y que experimentó su vocación artística siendo muy joven.


-(…)” ¿Y a qué edad sintió la llamada de Dios? , ¿se dice así?

-Sí, se dice así [sonriente]. Pues a la misma, a los 12 años. Pero a esa edad no puedes encontrar el lugar donde desarrollar tu vocación. Tuve que esperar hasta los 23 para realizar esa llamada, hasta encontrar este monasterio.

-¿Cuál fue la reacción de su familia: pensaron que el convento truncaría su futuro como artista?

- Terrible, sobre todo por parte de mi madre. Lógico, yo era hija única y ellos vivían absolutamente centrados en mí. Habían estado 10 años de matrimonio deseando tener un hijo, sin conseguirlo: fui una niña muy deseada.

La separación se les hacía terrible, pero fueron evolucionando en su manera de verlo y, al final de su vida, estaban absolutamente encantados: “Estamos felices, está donde mejor podía estar”, decían. Luego, tuve la gran suerte de poder asistirles en sus enfermedades hasta la muerte.


-¿Y usted nunca temió que una vocación solapara la otra?

-Sí; al entrar en el monasterio, pensé que probablemente la pintura sufriera, incluso que tuviera que desaparecer de mi vida. Pero el mismo día que ingresé, mis superioras me dijeron que aquí podría seguir pintando exactamente igual: era una práctica que se adaptaba perfectamente al monasterio. San Benito, autor de la regla benedictina, que también profesamos los cistercienses, dedica un capítulo de su obra a los artistas del monasterio. (…)

-Y, desde una vida tan apartada ¿qué influye en su pintura para hacerla evolucionar?

-El monasterio es un lugar riquísimo para la inspiración. Nuestro modo de vida se orienta a la búsqueda de la belleza; para nosotras la estética no es solamente escenográfica, sino vital: buscamos la paz y la serenidad, un clima de silencio y admiración hacia el Creador.

Belleza: fuerza de la brisa suave

Texto de Isabel Guerra, escrito para la Galería Sokoa, de Madrid

La belleza ha tomado una tienda como la nuestra, para que en la propia morada, acertemos a albergar su mismo resplandor.

Ella no se acerca a nosotros para abatirnos en el lodo de nuestras deformaciones y carencias, de nuestras oscuridades y regresiones. Viene a elevarnos de nuestra pobre condición, haciendo de nosotros su resplandor creciente.

No pretende denunciar la falta de luz de armonía usando la violencia. Busca recrear en nosotros la fraternidad con su mansedumbre.


No quiebra nuestra caña, herida por la debilidad de nuestras vacilaciones e inconstancias. Busca afirmarla con la energía que emana de su entrega hasta el extremo, hasta lograr que la''tierra abra su seno opresor, dando a luz definitiva a los que en ella yacen, cautivos de su tiranía.

Derrama, sí, su luz sobre nosotros, para que nuestras manos sean prolongación de su misericordia; nuestra voz, eco de su alegría infinita; nuestros pies, hacedores de caminos de libertad y de justicia; nuestra mente, creadora de un espacio más grato por donde recorrer el camino a la luz increada, donde habita su Verdad inmutable; nuestro corazón, el hogar del amor y la esperanza.

Porque somos llamados a la vida.

Sabemos que el poder de esa llamada vence cada día la degradación de nuestra humanidad. Sabemos que una tienda como la nuestra, será transformada en una morada permanente en el seno de la Luz. Saldemos que las fuerzas del mal y del abismo no pueden contra la fuerza de atracción de la gloria que un día se nos descubrirá.

Vivamos el amor solidario que deja pasar, por nuestras manos tendidas, el pan inagotable de sus bienes; que se empeña en transformar, con la ancha sonrisa de la confianza, el ceño de la desesperanza; que quiere vivir con decisión, y en plenitud, el camino propuesto como peregrinaje gozoso, que ofrece el aliciente de la superación, del encuentro de nuevos paisajes -no sospechados- que anuncian la eterna novedad a que conducen.

¡Aleluya! Está entre nosotros. Es la luz que llena la esperanza. Es la luz que ensancha en nosotros el deseo de la Vida. Es la luz que abre el corazón. Es la luz de la paz que desarma la violencia. Es la luz de la alegría que disipa las algarabías huecas y las pesadas tristezas. Es la luz que asume el dolor de todos para transformarlo en fuerza salvadora.

¡Alerta, está entre nosotros!


¿No lo notáis? Acerquémonos a la Belleza. Dejémonos iluminar por ella para irradiarla en torno nuestro, y podremos alcanzar la posesión de su infinita Verdad.

¡Alerta! Percibamos esa presencia. Está en nuestro entorno más cotidiano. En la brisa suave que nos envuelve y conforta. Sigamos la estela de su paso ante nosotros caminando tras ella por sus huellas. Cuando quiera, nos volverá su rostro; y descubriremos en él el profundo secreto de nuestra existencia.

¿Por qué gastar la vida
en broncas tempestades,
si está la Brisa
pasando siempre
ante la entrada de mi tienda?


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